Una cátedra comprometida
Primera parte

Raúl Moreno Wonchee*
wonchee_r@hotmail.com

Hace ya cuatro años —no me preguntes cómo pasa el tiempo—, el rector Juan Ramón de la Fuente instituyó la Cátedra Latinoamericana de Medicina Social Salvador Allende Gossens, precisamente el 11 de septiembre de 2003, aniversario trigésimo del derrocamiento y muerte del insigne médico que presidió en Chile el gobierno de la Unidad Popular. De esta manera, la UNAM, y en especial la Facultad de Medicina, rinde permanente homenaje a la memoria de Allende con un espacio académico latinoamericano donde se analizan los problemas de educación y salud en materia de justicia social, en la perspectiva del desarrollo científico y cultural de nuestros países, y con el objeto de difundir la vida y la obra del presidente Salvador Allende.

Este año la cátedra fue asignada al doctor Carlos Molina Bustos, médico chileno, cercano colaborador del presidente Allende —fue viceministro de Salud en el gobierno popular—, experto en salud pública y medicina social, además de ginecobstetra, maestro en historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Chile, y viejo amigo de México, donde un exilio de casi diez años le llevó a colaborar en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y aportar a la benemérita institución sus conocimientos y su experiencia para corresponder la solidaridad de México en la mala hora de su patria.

Carlos Molina es, pues, un hombre de una vastísima cultura médica y humanística puesta al servicio de la causa popular de su país y del continente. Y qué mejor escenario para desplegarla que la Cátedra Salvador Allende que le permitió reencontrarse con nuestro país para otra vez constatar, con Pablo Neruda, que Chile y México son, en efecto, países antípodas de América lo que obliga a que los notables paralelismos históricos, políticos, culturales entre los dos países sean eso, paralelismos refractarios a la simplicidad y a la confusión, los cuales mutuamente nos enriquecen.

La cátedra fue, con Molina, el ámbito para la exposición magistral de la historia de la lucha de Chile por la salud a lo largo del siglo XX. Lucha social movida por las contradicciones, cuyos términos definieron el largo y sinuoso camino donde el movimiento obrero, las clases medias y el capital financiero, en una intricada correlación, integran las respuestas institucionales a las demandas de salud.

En la primera mitad del siglo XX, en la conjunción de intereses de los trabajadores con los de las clases medias ascendentes de las cuales los médicos eran representantes conspicuos, para en seguida asistir a su aburguesamiento sin retorno por el avance de la mercantilización de la medicina acompasada con el despliegue de las posiciones conservadoras de las elites oligárquicas y luego con el ascenso del capital financiero, lo que en el campo de la salud impuso la individualización sobre la solidaridad social.

En 1952 cuaja la demanda largamente cultivada desde las luchas obreras de los años veinte y el Frente Popular de finales de los treinta hasta mediar los cuarenta, lo cual permitió a la sociedad chilena obtener un nivel de salud comparable al de sociedades desarrolladas con un gasto sensiblemente menor.

En efecto, el Servicio Nacional de Salud es la más importante institución de la salud pública de Chile del siglo XX, que ofrece protección y fomento de la salud para todos los chilenos y cuya cobertura  de atención médica alcanza a más de las dos terceras partes de la población.

Sin embargo, persistieron exclusiones sociales lo cual facilitó el proceso que dio origen a la Ley de Medicina Curativa de 1968 y a la que Molina Bustos señala como precursora del capital financiero en el sistema de salud chileno.

La polarización entre la tendencia social y el liberalismo individualista en el contexto de una creciente indisposición oficial para cumplir la Ley del Sistema Nacional de Salud, distanciaron al gremio médico del proyecto original de medicina socializada, lo cual llevó a la Convención Médica de 1956 a concluir que la medicina es una mercancía y a demandar la libre elección del médico por el paciente y el pago por acto médico.

En 1964, poco antes de dejar la Presidencia, Jorge Alessandri envió al Congreso una iniciativa de ley que buscaba responder a la necesidad de universalizar la cobertura del servicio y responder a la demanda mercantilista del gremio médico. La iniciativa fue apoyada por el gobierno entrante presidido por Eduardo Frei Montalva y luego de un dilatado trámite legislativo con el trasfondo de una intensa discusión y actos de protesta dio lugar, en mayo de 1968, a la Ley de Medicina Curativa que vulneró el carácter social del Sistema Nacional de Salud al establecer diferencias entre obreros y empleados e introducir en su interior mecanismos de mercado.

*Escritor.

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