¿Globalismo o regionalismo?: educación superior de EU después del 11-S

Sheila Slaughter*

Tras el derribo de las Torres Gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, la política exterior estadounidense y dentro de ella las relaciones internacionales para el comercio de bienes y servicios, así como las relaciones de intercambio cultural, sufrieron una progresiva y profunda modificación. Mientras que el gobierno de William J. Clinton empujó la agenda internacional hacia el objetivo del predominio estadounidense en el escenario de la globalización y el libre mercado de alcance mundial, la postura de la administración de George W. Bush subordinó ese propósito al de la reconstrucción de una hegemonía alimentada por el predominio de la fuerza y la seguridad. En tal contexto, se observa un desplazamiento de la postura gubernamental en pro de la construcción de grandes escenarios multilaterales, cuyo ejemplo sería destacado sería el diseño del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), hacia la formulación de un “nuevo regionalismo” que, sobre la base de acuerdos bilaterales y multilaterales de libre comercio, algunos ya existentes y otros de nuevo cuño, reforzara la hegemonía estadounidense en diversas área de influencia, al mismo tiempo que proyectara la agenda nacional de seguridad al plano internacional.

Esta dinámica explica el nuevo impulso a arreglos tales como el Tratado de Libre Comercio de Améérica del Norte (TLCAN) y su expansión más allá de la relación comercial trilateral. En el marco del TLCAN se han suscrito nuevas alianzas y convenios que abarcan, además de los consabidos propósitos de seguridad y la protección fronteriza, temas asociados a la “cooperación” en materia de educación superior, ciencia y tecnología. La Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (SPP), lanzada el 23 de marzo de 2005 por acuerdo de los presidentes de México y EUA y el primer ministro de Canadá, es el ejemplo más contundente de la nueva orientación. El convenio SPP incluyó, entre otros propósitos, la cooperación transfronteriza en algunos sectores económicos; la armonización de aranceles y tarifas; una mayor compatibilidad regulatoria para bienes y servicios; una mayor cooperación en producción de energéticos, desarrollo y seguridad; políticas fronterizas conjuntas, particularmente en torno a programas de calificación de riesgos; y el desarrollo de programas ambientales conjuntos de protección a la biodiversidad y de coordinación de iniciativas de salud en torno a enfermedades infecciosas y provisión de alimentos seguros.

La educación superior forma parte de la Alianza SPP. Es el marco en que se han inscrito múltiples proyectos de investigación, desarrollo tecnológico y educación de posgrado, fundamentalmente en torno a los objetivos de la nueva agenda trilateral. En particular, se destaca la orientación del convenio-marco para apoyar financieramente aquellas iniciativas que tienden a fortalecer los mercados y la seguridad, se da prioridad a temas como la propiedad intelectual y el uso intensivo de tecnologías informáticas y de comunicaciones, y se refuerza la mercantilización educativa a través de la transnacionalización de programas y servicios. Resulta casi obvio decir que el vector de estos intercambios va de EUA a sus socios comerciales en el TLCAN y son excepción los proyectos, programas o intercambios definidos o controlados por México o Canadá. De este modo el “intercambio” académico, científico y tecnológico no hace sino reforzar una clara relación de dependencia (económica y política), bajo la apariencia de una relación equitativa entre socios comerciales.

En la más reciente cumbre de la Alianza SPP (Montebello, Canadá, 20 de agosto de 2007), se ratificaron los principios y orientación de la cooperación trilateral tanto del área económica como del área cultural, y se revisaron los informes de los grupos de trabajo que están operando los distintos aspectos del convenio. Entre los datos a destacar están las más de cincuenta alianzas entre universidades de México, EUA y Canadá al amparo de la SPP, el financiamiento de más de 400 estudiantes de posgrado (principalmente mexicanos en IES estadounidenses) y los múltiples programas de “entrenamiento” académico en áreas de medio ambiente, desarrollo rural, educación y administración.

El Conacyt ha suscrito una treintena de acuerdos de cooperación con universidades de EUA, además de tres acuerdos con agencias gubernamentales del mismo país. A partir de 2006 inició el intercambio entre Conacyt y la Agencia Estadounidense de Desarrollo (USAID) para expandir los beneficios de la Iniciativa para Capacitación, Intercambios y Becas (TIES) mediante el lanzamiento de una Convocatoria de Propuestas conjunta a fin de fortalecer el sistema nacional de posgrado de México. Conacyt firmó un acuerdo con el Fogarty International Center (FIC) para ampliar la cooperación conjunta en los campos de biomedicina y ciencias del comportamiento. Tal acuerdo contempla el financiamiento conjunto en toda la investigación del FIC y sus programas de entrenamiento, el intercambio de científicos y de información, y proyectos conjuntos de investigación.

Nota: El presente texto es un extracto de la conferencia magistral “El TLCAN, el Estado, la educación superior y la investigación: La mano oculta revelada”, pronunciada por la autora el 7 de septiembre de 2007 en el curso “La educación superior al inicio del siglo XXI. El debate contemporáneo sobre su problemática, tendencias y procesos de cambio” organizado por el Seminario de Educación Superior de la UNAM.

*Universidad de Georgia, EU. Seminario de Educación Superior de la UNAM.

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