Universidades públicas, competencia y reforma académica*

Las instituciones educativas de México, las cuales reciben en sus aulas a 65 por ciento
de los estudiantes de nivel superior del país, enfrentan una realidad donde la competencia, la presión política y social y su propia naturaleza crítica, ponen a prueba su capacidad
de respuesta, asegura el rector de la UV

Raúl Arias Lovillo*

Es inobjetable que las universidades de hoy —y la nuestra no es la excepción— viven momentos importantes en su desarrollo y se enfrascan en la revisión de sus propias funciones. Su entorno es política y socialmente más complejo. Las universidades públicas de México, que reciben en sus aulas a 65 por ciento de los estudiantes de nivel superior del país, nos enfrentamos a una realidad donde la competencia, la presión política y social y nuestra propia naturaleza crítica, ponen a prueba nuestra capacidad de respuesta.

En este contexto, no se puede soslayar que el escenario probable de 2008 depara a las universidades públicas, al igual que al país, situaciones de incertidumbre económica. Será una coyuntura en la que las universidades autónomas deberán luchar y competir por los recursos presupuestales.

Un entorno en el cual las mismas instituciones estatales y las privadas se esfuerzan por elevar la calidad de sus programas, difunden sus logros, abren carreras que nosotros ofrecemos; en un entorno, inclusive, en el que factores como la globalización y la internacionalización tienen que ser tomados en cuenta para la elaboración de los planes de desarrollo institucional.

Vamos a vivir momentos complejos, sin duda. Pero también es verdad que salen adelante de estas circunstancias, aquellas universidades que están preparadas para ello y las que han puesto a tiempo su reloj en esta etapa que nos ha tocado vivir.

Es mi convicción que la estabilidad política y académica de la Universidad Veracruzana es la mejor contribución al progreso de la democracia, la paz y la estabilidad de nuestro estado.

Por ello, ante las necesidades y los retos del tiempo actual, asumo que en la Universidad Veracruzana no puede haber ningún momento de tregua; mucho menos puede haberla si entre nosotros existe plena conciencia de que nuestro proyecto académico representa las aspiraciones más genuinas de la juventud veracruzana, y el compromiso con la sociedad veracruzana de seguir proporcionando los profesionales que la región requiere.

Es pertinente enfatizar que el año pasado acudimos a las facultades, a los centros, a las dependencias, a dialogar con los universitarios para remediar lo que estaba mal o funcionaba a medias. Este año 2007, el diálogo tuvo el propósito de refrendar ese compromiso común, de seguir nuestro proceso de cambio, de definir las prioridades de la institución y de diseñar las coordenadas del nuevo rumbo de la casa de estudios.

Ahí descubrimos lo lejos que habíamos llegado. Pero también descubrimos que lo lejos no era suficiente. En esta ocasión, al dialogar con todos los Consejos Técnicos de cada una de las facultades e institutos de la UV, escuché, invariablemente, a profesores y estudiantes comprometidos con la tarea de elevar sus niveles académicos, en la perspectiva de consolidarla como una universidad de excelencia.

Hicieron sentir sus necesidades y sus aspiraciones; destacaron sus problemas y sus avances; explicaron la vinculación de sus objetivos académicos con el desarrollo regional, motivados por la idea de construir un proyecto cada vez más ambicioso, en términos de ampliación de cobertura y de diversificación de su oferta educativa.

Fue una constante que maestras, maestros y estudiantes expresaran sus dudas y sus críticas al Modelo Educativo Integral y Flexible (MEIF): recordaron que las condiciones que normaron su conformación, adaptación y operación no son las de hoy; escuchamos el reconocimiento a sus virtudes pero también la crítica a sus fallas; y no fueron pocos los que admitieron que algunos de sus colegas profesores han privilegiado su comodidad personal sobre los intereses académicos.

Todos advertimos, en esta reflexión colectiva, que al mismo tiempo que el proceso del MEIF vivía sus propias contradicciones, la Universidad Veracruzana había experimentado ya una profunda transformación en todas sus estructuras, y que era necesario revisar nuestro proyecto y las prioridades de nuestro programa.

Quiero expresar que fue, precisamente, el trabajo de evaluación y de profunda revisión crítica del MEIF realizado por los Consejos Técnicos de las entidades, los avances logrados en la investigación, la creciente articulación de programas y proyectos, nuestras fortalezas en todos los campos, el entorno económico, social y político, y la convicción de que el cambio está en la conciencia de la gran mayoría de los universitarios, lo que nos permitió concluir que ha llegado la hora de echar a andar nuestra gran Reforma Académica.

Una Reforma Académica que reúne la voluntad de los universitarios, el nivel de desarrollo institucional alcanzado y la autonomía de la Universidad Veracruzana.

Una Reforma Académica exhaustiva en sus disposiciones de política institucional, y singular, en cuanto a los métodos y tiempos de implementación, para atender el grado de desarrollo de cada entidad.

Una Reforma Académica fincada en los principios generales de pertinencia y calidad, y que a su vez conserve nuestros propios fundamentos: formar profesionales técnicamente capaces y socialmente comprometidos, y generar conocimiento innovador para su distribución social.

Una Reforma Académica que habrá de sustentarse en la formidable experiencia que nos ha dejado el Modelo Educativo Integral y Flexible, y que pone el acento en los intereses educativos y formativos de los estudiantes.

Una Reforma Académica para Veracruz: que coadyuve al impulso de la competitividad de su economía y de su capital humano.

Una Reforma Académica para los estudiantes: que favorezca la  formación profesional de calidad para su inserción exitosa en una sociedad más compleja y exigente.

Una Reforma Académica para docentes, investigadores, ejecutantes y trabajadores: que consolide los mecanismos de superación profesional, laboral e intelectual.

Una Reforma Académica para la sociedad: que amplíe el número de plazas de inscripción de jóvenes en nuestras escuelas y facultades.

Una Reforma Académica que promueva y detone la mayor eficacia y eficiencia en la gestión y organización de la Universidad Veracruzana.

Una Reforma Académica sin dogmas ni ideas únicas ni preconcebidas, sino de pensamiento abierto y plural.

Una Reforma Académica que responde a tres líneas prioritarias:

1. La continuidad del proceso de revisión del MEIF y, de manera paralela, el estudio de la viabilidad de un nuevo modelo curricular 3-2-3, en el cual se plantea la formación en tres años en licenciatura, dos en maestría y tres en doctorado, en un plan con ciclos terminales, que nos colocaría entre las universidades que van a la vanguardia en materia de desarrollo del conocimiento y la ciencia.

2. La evaluación y la acreditación que nos permiten asumirnos como una institución competitiva y de excelencia. Por cierto, permítanme un breve paréntesis: hace unas semanas fueron convocadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP) las instituciones de educación superior del país que cuentan con más de 80 por ciento de sus programas acreditados de calidad. La Universidad Veracruzana no fue convocada. Sólo quiero decirles, aquí, a todos ustedes, que asumo, ante este Honorable Consejo Universitario General, el compromiso personal e institucional de que en septiembre de 2008 habremos acreditado por lo menos 80 por ciento de nuestros programas.

3. La ampliación de la cobertura y la diversificación de la oferta educativa que nos dará la oportunidad de ampliar las expectativas de los jóvenes veracruzanos, no sólo en términos de más plazas, sino además de programas pertinentes y de calidad. Esto podría llevarnos a estudiar la posibilidad de abrir un nuevo ciclo escolar en el mes de febrero de 2008 con aquellas carreras que no estén saturadas y sean socialmente pertinentes.

Se trata, en suma, de una reforma que expresa el proyecto de una fuerza académica, síntesis de un movimiento cultural que desde décadas atrás se ha comprometido con los valores éticos y espirituales de la sociedad, la educación y la juventud veracruzana.

Es decir, una Reforma Académica que representa el movimiento cultural de los universitarios veracruzanos cuyos valores son: el respeto, la lealtad, la generosidad, la honestidad, la rectitud, la solidaridad, la libertad, la búsqueda del conocimiento y el apego a la verdad, la pluralidad, la tolerancia y la crítica.

Fragmento del Segundo Informe de Labores presentado el lunes 17 ante el Consejo Universitario General de la Universidad Veracruzana.

* Rector de la UV.

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